Hambre en Irlanda: la elegía de Paddy

Thomas Gallagher

Thomas Gallagher
Hambre en Irlanda: la elegía de Paddy

Traducción de Ignacio García-Romanillos García
Colección Inactuales. 
296 págs. Madrid, 2007

A mediados del siglo XIX el hambre hizo morir en Irlanda a más de un millón de personas y obligó a emigrar a otro millón de irlandeses. Entretanto, la prensa de Londres restaba importancia a la tragedia o culpaba de ella a los propios irlandeses.

Tragedias colectivas como ésta increiblemente olvidadas, explican odios entre naciones que se transmiten de generación en generación…

Historia de Irlanda. Selección de enlaces

Prólogo (fragmentos)

…Mi padre emigró desde Ballaghaderreen, en el condado de Roscommon, Irlanda, en 1903, cuando tenía 15 años. Cruzó el mar de Irlanda en dirección a Liverpool y llegó a Londres, donde un amable inglés le aconsejó que se cambiara el nombre de Patrick Joseph por el de Joseph Patrick; era más difícil ser objeto de escarnio llamándose «Joe» que «Paddy», palabra utilizada durante siglos por los británicos para ridiculizar cualquier cosa relacionada con Irlanda. «Joe» Gallagher trabajó como camarero y cantante en un popular bar de Londres, donde fue tratado con una amabilidad y un respeto que un joven como él, que se encontraba solo en el mundo, recordaría durante toda su vida.

Más tarde «Joseph P.» se mudó a Estados Unidos, se casó con una joven estadounidense y fundó una familia con diez hijos; mis hermanos, mis hermanas y yo, nunca oímos una sola palabra en contra de Inglaterra. Por lo tanto, los hijos de los Gallagher no sabían cómo interpretar los comentarios antibritánicos que escuchaban constantemente de otros niños irlandeses vecinos de la Avenida Amsterdam, en la parte noroeste de Manhattan, donde vivíamos (….) ¿Qué había detrás de esta hostilidad? ¿Cómo había llegado a arraigarse de tal manera que incluso entre los irlandeses norteamericanos se había convertido en odio?

La mayor parte de los análisis históricos más objetivos apuntaban hacia la gran hambruna de 1846-47, a la que suele considerarse como un punto de inflexión en la historia de Irlanda. Conforme indagaba en la información disponible sobre este tema, iba siendo más consciente de que la gran hambruna no fue un hecho aislado en la historia de Irlanda, sino su peor momento, (…) marcaría no sólo el futuro de Irlanda, sino la actitud de los irlandeses en todo el mundo hasta el siglo XX –de hecho, hasta el momento actual. Aun así, para mi sorpresa, esta hambruna de los campesinos irlandeses había sido considerada de un modo superficial, cuando no directamente omitida. Era evidente que los campesinos eran las víctimas. Pero, ¿las víctimas de qué? ¿Quién daba voz a estas víctimas?

Pensando en escribir este libro, emprendí una investigación detallada, examinando todos los archivos disponibles en Estados Unidos, Inglaterra e Irlanda. Por supuesto, no podía eludir la política en un acontecimiento tan catastrófico para toda una nación. Pero, considerando la importancia que habían tenido hasta entonces el oportunismo y los debates y razonamientos obligados, decidí dejar ese aspecto de la historia en un segundo plano y dedicar todo el espacio posible a lo que ocurrió en la vida diaria del agricultor irlandés, cómo se vieron afectadas la familia, las instituciones, las creencias y la propia existencia. Cuanto más profundizaba, más impactado me quedaba. Aunque las evidencias eran abundantes, se encontraban dispersas en lugares polvorientos y se remontaban a los tiempos del reino de Isabel I, en la segunda mitad del siglo XVI, cuando, por toda Irlanda, estallaron guerras civiles y rebeliones de carácter local contra la represión religiosa y la apropiación de la tierra.

En el siguiente siglo, Oliver Cromwell dirigió una expedición a Irlanda para sofocar de una vez por todas este creciente descontento de la población irlandesa católica. Tras su triunfante regreso a Inglaterra, comenzó un nuevo tipo de colonización protestante de Irlanda. Gran parte de la tierra recién conquistada se convirtió en propiedad de colonos escoceses e ingleses, que arrendaban pequeñas parcelas a sus antiguos ocupantes. Estos irlandeses autóctonos formaron una creciente población de agricultores arrendatarios, y a pesar de las esperanzas que existían para que ocurriera lo contrario, continuaron aferrándose a su fe católica.

Pero aun con dos sociedades separadas y diferenciadas, Irlanda tenía su propio Parlamento en Dublín que, por muy lleno que estuviera de terratenientes anglo-irlandeses, mantenía una postura pro-irlandesa, aunque sólo fuera por su propio interés.  (…)  Y si el campesino aún hablaba gaélico, solía ser defendido en un inglés elocuente por grandes escritores protestantes como Jonathan Swift.

Entonces llegó la Guerra de la Independencia estadounidense y la liberación de las trece colonias británicas. Poco más de una década después, la Revolución Francesa produjo un impacto aún mayor en el mundo. La aspiración a la liberación de la opresión que recorría toda Europa, llegó a Irlanda. En 1796 se produjo un ambicioso intento, por parte de quince mil tropas francesas aliadas con rebeldes irlandeses, de liberar a Irlanda del dominio británico. Si esta acción hubiera tenido éxito, habría cambiado drásticamente la historia de Irlanda hasta el día de hoy, pero un clima extremadamente adverso destruyó muchas de las embarcaciones que transportaban a las tropas francesas desde Brest.

Unos años más tarde, en 1800, el Parlamento británico en Westminster, siempre temeroso de una Irlanda libre aliada de Europa y del riesgo de invasión que tal alianza conllevaría, presentó a Irlanda lo que a primera vista parecía una oferta generosa –nada menos que unirse a Inglaterra. El Parlamento irlandés en Dublín sería disuelto y sus miembros pasarían a formar parte del Parlamento inglés en Westminster. El plan incluía una propuesta muy importante: la emancipación católica de Irlanda tendría lugar poco después de su unión a Inglaterra.

La Unión de 1800 quedó legalmente formalizada y entró en vigor en 1801. Los miembros del Parlamento irlandés en Dublín pasaron a ser miembros del Parlamento inglés en Westminster, donde formaban una minoría prácticamente sin ningún peso –tan sólo ocupaban el 15 por ciento de los escaños de Westminster, aunque en función de la población tenían derecho a más del 30 por ciento; en 1800 había unos cinco millones de personas viviendo en Irlanda y once millones en Inglaterra, Escocia y Gales. Tampoco se mantuvo la promesa de la emancipación católica, según la cual se permitiría a los católicos sentarse en el Parlamento y tener cargos electivos en Irlanda.

Confieso que no debí sorprenderme tanto por la importancia crucial que tuvo la religión durante los siglos de agitación, conflicto y sufrimiento que precedieron al momento de la historia de Irlanda en que comienza este libro, (…)  comencé este proyecto sin prejuicios y sin la menor idea de las conclusiones a las que me llevaría mi investigación. Los horrores descritos y la forma en la que se intentó escapar a ellos no son producto de mi imaginación. Todos ellos han sido corroborados –casi siempre por parte de ingleses que han sido tan amables conmigo durante mi investigación para este libro, como lo fue el que se encontró mi padre cuando cruzó el mar de Irlanda.

(…)

Lo que muestro puede que no contribuya a una solución sensata y pacífica al conflicto actual. Pero para enfrentarse al profundo odio que existe y hacerlo desaparecer, es mejor que sea comprendido. Por lo tanto este libro se centra en lo que ocurrió en un momento trascendental, que marcó la transición de siglos de hostilidad a un odio imperecedero, cuando un accidente de la naturaleza estableció el curso de la historia de tres naciones –Irlanda, Inglaterra y Estados Unidos. Si el pasado es como un prólogo, haremos bien en tenerlo presente.



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  1. Muy interesante la publicación

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